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Las algas constituyen una nutrición natural y brindan numerosos efectos benéficos. En la Durvillea Antárctica el ácido algínico está presente en la medida de 48%. La eficacia de este ácido para combatir con los radicales libres, responsables del envejecimiento y de la degeneración celular, es muy conocida. La acción del ácido algínico pasa por la absorción de los venenos contenidos en los radicales libres y por su eliminación. Se evita así su almacenamiento en las estructuras oseas.
Es igualmente eficaz contra el estroncio radiactivo, como contra los "venenos interiores", como el colesterol.
Junto a las sales minerales contenidas en la Durvillea Antártica, como el selenio, el cinc, el manganeso, el calcio, que desarrollan una eficaz acción antioxidante, el ácido algínico constituye un coadyuvante extraordinario para prevenir los problemas cardiocirculatorios y hepáticos de las nefropatías, tal vez también en las formas tumorales.
Es un aliado perfecto con el que contar para una vida serena y en salud.
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